¿Natural? Sí, natural.

¿Natural? Sí, natural.

IMG_5671

 

Una palabra que, siendo tan bella, está tan manida que a veces da la impresión de que no se entiende en todo su significado.

He buscado esa palabra en Google ¿Sabéis cuantos resultados aparecen? 3.290.000.000. Sí, sí, habéis leído bien, tres mil doscientos noventa millones.

Si buscamos su definición en el Diccionario de la RAE (Real Academia Española), su primera acepción es: Perteneciente o relativo a la naturaleza.

Y sí, de esto se trata. Esto es lo que yo quiero para mis cosméticos, para mis productos de higiene, para cualquier cosa que vaya a estar en contacto con mi piel, que pertenezca a la naturaleza. Incluso para mi vida en general, necesito esa cercanía con la naturaleza, porque la naturaleza es vida.

Por eso, al producto que defino como natural, le añadiría otro adjetivo, «vivo». Todo lo que tiene vida engendra vida, ese es un principio básico que se aplica a los productos cosméticos vivos. Quizá esta idea te ayude a entender por qué esa crema «natural» de verdad que compraste no dura y dura y dura…, como las pilas de larga duración o como otras muchas cremas que conocías. Ocurre exactamente lo mismo con la verdura fresca y natural, guardada en el frigorífico va perdiendo frescura, fuerza, color, cada día, a cada momento y no dura y dura. Sin embargo, cuando adquieres un producto cosmético que no es natural, es decir, que ha estado sometido a manipulaciones químicas, dura y dura y dura.

Esta es la prueba del algodón.

Así me viene a la memoria una anécdota que viví con una gran amiga. Ella tuvo que mudarse al extranjero y durante unas vacaciones que pasó en España fui a visitarla. Cuando entré en su cocina, vi que había dejado un plato de ensalada preparada en el alfeizar de la ventana. En un principio, no le di importancia a ese detalle, pero como la ensalada seguía en la ventana, le pregunté si había algún motivo.

–Ah, la ensalada, bueno, verás, es que ni te imaginas cuánto me gusta ir viendo cómo enmohece poco a poco. Eso me demuestra que está viva. Donde yo vivo todo es de plástico, todo está muerto y puede durar semanas sin cambiar de aspecto –me dijo.

Entonces reímos divertidas sin querer detenernos en lo triste de esa realidad.

Me apetecía hablar sobre lo natural porque considero que es la gran aportación que ofrecemos con nuestros productos verdaderos. He empezado diciendo que natural es una palabra muy manida, pero hay algo mucho peor que eso: no existe una legislación adecuada que regule, ajustándose a la realidad, el uso de esa palabra aplicada a la cosmética. Solo con que un producto tenga un ingrediente natural, independientemente del resto de los componentes, está permitido incluir la palabra Natural en su etiqueta, en la publicidad y en todo el marketing que lo acompañe. Por este motivo, el consumidor está completamente confundido, cuando no engañado.

Por otra parte, he buscado en google la palabra «Verde», y he encontrado 1.040.000.000 resultados. No está mal ¿eh? Y si la buscamos en inglés, «Green», encontramos 14.910.000.000 resultados, ahí es nada. Otra palabra que bien utilizada en el ámbito de la cosmética e higiene es un valor añadido e imprescindible, pero manipulada puede conducir al engaño y a la confusión.

El Diccionario de la RAE, en la tercera acepción de la palabra «Natural» dice: Dicho de un árbol o de una planta; que aún conservan alguna savia, en contraposición al seco.

Seguimos hablando de «vida» de «vivo».

Para concluir quiero decir que soy una defensora de todo lo que tenga que ver con la naturaleza, que me gusta rodearme de «vida» y comer «vida», tanto por la boca como a través de lo que mi piel ingiere.

Seamos sensibles a esto y elijamos lo NATURAL, en mayúsculas, de verdad. Tengo la certeza de que esa elección nos hace mejores personas, sensibles a los ciclos de la vida, sin alterarlos demasiado, nos hace conscientes de nuestro cuerpo y respetuosos con el planeta.

Como dice el Dr. Hiromi Shinya en su libro La enzima prodigiosa, la enzima, esa sustancia que hace la vida posible, aporta alegría de vivir. Una buena fuente de enzimas son los vegetales, las frutas y las flores, es decir, la naturaleza nos aporta vida y alegría de vivir.

Por eso defiendo la cosmética EcoNatural. Eco, porque la quiero ecológica para que así sea natural de verdad.

Aprende a reconocer auténtico y descartar lo que no lo sea. Yo puedo ayudarte si no lo tienes claro.

¿Y tú, qué piensas? Me encantará conocer las diferentes opiniones.

2 Comentarios
  • Hay algo muy curioso que vengo observando desde hace tiempo: Las personas, hablo en general, no saben qué significa exactamente el término “ecológico” o “natural”, pero lo bueno de esta apreciación es que sí saben que están buscando una alternativa (sana y menos perjudicial) a lo que ya conocen y consumen. Hay una conciencia de buscar soluciones naturales a sus necesidades y, sobre todo, están leyendo el etiquetado de lo que compran (empiezan a sonar palabras e ingredientes dañinos y los descartan en favor de alternativas en pro de su salud y el medio ambiente) Vamos por buen camino, es el largo, pero el mejor para todos.

    27 marzo, 2017 at 6:03 pm

Leave a Comment